El acuerdo con Londres trae un gran alivio al sector citrícola cuando ya temía lo peor

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Las exportaciones al Reino Unido estarán marcadas por mucho más papeleo, pero al menos se salvan de la amenaza de aranceles

El ‘acuerdo de Nochebuena’ entre la UE y el Reino Unido ha traído un gran alivio al sector citrícola valenciano, como a los demás sectores hortofrutícolas que viven de cara a la exportación, pero hay que tener en cuenta que se trata aún de un ‘preacuerdo’ de urgencia, que deberá ser ratificado por tanto en ambos lados (esperemos que sin sobresaltos), y que aparte del ‘respiro’ de saber que en principio no habrá aranceles, la realidad del ‘brexit’ a partir del próximo día 1 es que cruzar la frontera va a suponer un galimatías de trámites y ‘papeleo’, lo que se traducirá inevitablemente en retrasos y sobrecostes para cada envío.

El Reino Unido nunca ha sido un destino fácil para la exportación hortofrutícola: para empezar hay que cruzar el Canal de la Mancha; los camioneros, que en el resto de Europa circulan por la derecha, han de habituarse a ir allí por la izquierda y afrontar cruces y rotondas al revés, y por lo general es un mercado muy exigente. Los especialistas en el mercado inglés lo califican de mercado ‘premium’, porque pide mucha calidad, y normalmente la paga, aunque siempre hay luces y sombras. Por esas exigencias hay exportadores que prefieren conformarse con la Europa continental y no ‘huelen’ las islas. A menudo es porque probaron alguna vez y salieron trasquilados. Sin embargo, hay empresas valencianas que trabajan con el Reino Unido desde siempre, algunas desde hace más de un siglo, y eso ha soldado férreas relaciones comerciales y de confiada amistad, porque se basan en el conocimiento mutuo, el servicio y el cumplimiento sin fisuras. Por eso, en estos casos, las incertidumbres del ‘brexit’ alteran por igual a ambos lados, se recibe con gran alegría saber que no habrá aranceles y tratan de colaborar para agilizar la burocracia aduanera que les van a exigir; unos y otros trabajan con iguales criterios para resolver los problemas que se avecinan.

El Reino Unido fue, de hecho, de los primerísimos destinos de la naranja valenciana, ya a finales del siglo XIX; el segundo en orden cronológico, después del sur de Francia, que se benefició antes que nada por la proximidad y la facilidad orográfica para la navegación de cabotaje de pequeños buques. El pequeño puerto galo de Sète fue el primer destino de las naranjas valencianas fuera de España, y tras el sur de Francia, el siguiente fue el puerto de Liverpool, adonde llegaban primero grandes veleros y enseguida mayores barcos a vapor. Desde allí se consolidó Inglaterrá como primer cliente durante muchos años. En la actualidad es el cuarto de nuestros cítricos y se cruza el Canal de la Mancha en camiones sobre ferrys desde varios puertos (incluido el de Santander) y por el Eurotúnel.

La naranja valenciana ya se enviaba al puerto de Liverpool en barcos a vela y en los primeros vapores a finales del siglo XIX

Si el Reino Unido es un mercado indispensable para la exportación hortofrutícola española en general, del que depende un volumen de negocio de más de 4.000 millones de euros al año, para algunas empresas citrícolas valencianas representa elevados porcentajes de su actividad total y además sin capacidad de sustitución, porque a lo largo de la historia se han especializado en trabajar para el exigente mercado inglés y no caben sustitutos. Ni para los ingleses sería fácil encontrar igual calidad de producto y de servicio con proveedores de otras partes.

Así pues, se trata de una convivencia estable y deseada por la necesidad mutua que ha de traginar ahora con un divorcio impuesto por el ‘brexit’ para que el tránsito sea lo más leve para todos. Empezando por el consumidor británico, porque es obvio que todos los sobrecostes y las trabas se acaban traduciendo en consecuencias que desembocan en el bolsillo o la comodidad del consumidor.

Un exportador de cítricos, especializado en mandarinas y que tiene el 75% de su negocio en cadenas de supermercados del Reino Unido, comentaba la tranquilidad sobrevenida, cómo han respirado de nuevo tras el ‘acuerdo de Nochebuena’, al verse libres de la amenaza de un 16% de arancel que encarería el producto y lo pondría muchas veces fuera de la línea de competitividad frente a egipcios y marroquíes; pero al mismo tiempo lamentaba los sobresaltos que seguro están por llegar, porque a partir del viernes habrá fronteras, revisiones de la mercancía, más documentos a presentar y contrastar, trabajo extra para gestores aduaneros… Y todo esto en 2021, cuando su familia exporta cítricos a Inglaterra desde 1910, el Reino Unido formó parte de la CEE desde 1973 y no hubo que pasar estos agobios desde que entró España en la UE, en 1986, hace 34 años. Así que, por venial que sea al final, es una vuelta atrás, y a esperar que sea lo más leve posible.

Fuente: Las Provincias.

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