En Corrientes estiman pérdidas productivas de 82.000 millones de pesos por los incendios y la sequía

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Los incendios de febrero y la falta de precipitaciones generaron daños ambientales y productivos en una provincia que concentra un tercio de la superficie forestal implantada del país, el 45% de la superficie arrocera y el 29% de los cítricos dulces.

Para conocer el costo económico de estos fenómenos el sector privado realizó un relevamiento de las pérdidas que sufrió la provincia en las cinco cadenas productivas más importantes.

El informe integra datos provenientes de entidades de productores ganaderos, citrícolas, forestales, arroceros y yerbateros. Las pérdidas conjuntas de estos cinco sectores alcanzarían los $82.000 millones, entre perjuicios actuales y estimaciones de pérdidas a futuro. Sin embargo, cada rubro sufrió las inclemencias climáticas en distinta proporción, tal como veremos en esta nota.

El impacto de las sequías y la falta de agua

La actividad citrícola padeció en mayor medida las sequías. Si bien las llamas alcanzaron algunas plantaciones, el mayor perjuicio para estos productores fue la falta generalizada de agua.

Corrientes tiene alrededor de 30.000 hectáreas de citrus, divididas en dos cuencas. La cuenca norte, de unas 9.000 hectáreas, produce principalmente limón. Luego está la región sur, con Monte Caseros y Mocoretá como localidades centrales, con unas 21.000 hectáreas de citrus dulce, sobre todo mandarina y naranja.

En el centro-oeste correntino las pérdidas de fruta alcanzaron el 50%. Son unos 72 millones de kilos que, a un precio de $25 por kilo, dejan una baja de $1.800 millones. En la zona norte aseguran que se perderá la cosecha de otoño-invierno: hay 50.000 toneladas de citrus que no se podrán cosechar y calculan pérdidas de $200 millones. Por su parte, la zona sur fue la que mayor cantidad de agua recibió y las pérdidas se redujeron al 20% de la producción.

Hace algunas semanas Miguel Robasco, productor citrícola, explicó a InterNos que la provincia ya venía registrando regímenes pluviales menores al promedio desde hace unos dos años, pero esta temporada se agravó.

La pérdida de los cultivos no fue el único problema que acarrearon las sequías. En la mayoría de los casos, la escasez de agua hizo que las frutas tuvieran menor tamaño y calidad. En este sentido, Robasco apuntó: “La falta de agua hará que la producción de este año, en general, sea de poco tamaño. La fruta necesita cierto calibre para ser comercializada en fresco. Y al no tener ese tamaño, se pierde o va a industria”.

Para el productor, el 50% de la fruta producida posiblemente tenga destino de industria, que paga menores precios.

Además, las entidades de productores citrícolas aseguran que las consecuencias del verano seco se prolongarán en las zafras siguientes. Para 2023 estiman una merma productiva del 50% y proyectan un déficit -a precios actuales- de unos $2.940 millones.

La yerba fue otro de los sectores que padeció en mayor proporción la falta de agua. Corrientes posee unas 60.000 hectáreas cultivadas -el 30% del total nacional- y aseguran que la sequía redujo la producción a la mitad. En total se perdieron 76 millones de kilos de hoja verde, que a un precio de $54 por kilo darían pérdidas de $4.100 millones.

Los yerbateros reportaron unas 4.000 hectáreas de cultivos muertos. La recomposición de esas plantas tendría un costo de $400.000 por hectárea: los productores necesitarán un total de $1.600 millones para recomponer sus plantaciones. Asimismo, calcularon costos adicionales de implantación por $1.280 millones.

El sector arrocero también sufrió los embates de la sequía.  En esta actividad, el relevamiento señala que en esta campaña se sembraron 96.000 hectáreas -el 45 % de la superficie nacional- y se perdió el 40% de la producción. De acuerdo a los datos aportados por productores, unas 300.000 toneladas no se cosecharán en las chacras correntinas, con una consecuencia económica de $9.540 millones.

La Asociación Correntina de Plantadores de Arroz consignó en el informe que los tres factores que influyeron en la merma productiva fueron la falta de riego adecuado, las fallas en la red eléctrica nacional y un producto de menor calidad. Asimismo, señaló que el 65% del arroz correntino se riega con agua de represas, que actualmente mantienen bajas o nulas reservas. De no recuperarse los niveles hídricos, podría peligrar la próxima campaña.

Los incendios causaron mayor impacto en las dos cadenas productivas restantes, con costos económicos mucho mayores.

Los productores ganaderos se mostraron preocupados por las pérdidas proyectadas. Prevén una menor cantidad de pasturas disponibles, que podrían reducir la producción ganadera en un 15%. Ante ese escenario, proyectan un déficit de $12.678 millones en kilos de carne perdidos.

En lo referido a la mortandad, aseguran que esta aumentará en invierno. La ganadería en Corrientes pierde el 3% de sus cabezas anualmente, aunque este año podría duplicarse y generar pérdidas por $10.485 millones.

Por último, la actividad forestal fue afectada tanto por la sequía como por los incendios. Se perdieron 28.935 hectáreas de bosques implantados y los costos económicos ascienden $13.672 millones. La actividad forestal para resinado también tuvo mermas en la producción por $9.269 millones.

El informe citado evidenció las consecuencias que tuvieron las inclemencias climáticas para los productores correntinos. Sin embargo, las sequías y los incendios que azotaron el noreste argentino ocasionaron daños al ecosistema y la biodiversidad. El gran costo fue para el medio ambiente, incuantificable e imposible de dimensionar en términos económicos. 

Fuente: Revista Internos.

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